¿Es la boda de un tal Fredo la conclusión de una carrera basada en el oportunismo?
Una reflexión de un pensamiento repentino
Mac
3/31/20264 min read
¿Es la boda de un tal Fredo la conclusión de una carrera basada en el oportunismo?
En los días pasados, un tal Fredo ha estado en el ojo del huracán —amo usar frases de Mónica Garza— primero por su boda, después por cómo reaccionó a la crítica, y más recientemente por acusaciones de que ha hecho pasar trabajo del organizador Armando Elizondo como propio. Pero vamos por partes.
Veamos esta situación como un relato simple. Tenemos un circo mediático que envuelve a un tal Fredo, pero esto no es más que el resultado del oportunismo sobre el que ha construido su carrera — algo así como el camino dorado de Dorothy en el Mago de Oz— a figura de Fredo está compuesta de aspiraciones, cinismo, altanería, clasismo, y un empoderamiento falso. Y como toda historia con un camino dorado, lo que nos interesa no es si el camino brilla, sino a dónde lleva y quién lo pavimentó.
El camino dorado
Para entender el camino hay que entender el formato. "Hablemos de tal" no es original no estamos hablando de otra cosa que de Mujer casos de la vida real de Silvia Pinal, ese programa que nos traumo la infancia, adaptado a podcast. Lo que tenemos son historias de tanto sufrimiento que caen en el morbo: relatos donde influencers famosas narran sus momentos de más violencia, de más tristeza, de más vulnerabilidad. Y son precisamente estas historias las que construyen ese camino amarillo del éxito.
Fredo inunda sus redes de clips de mujeres llorando, mostrándose vulnerables y desarmadas. Ante la crítica se coloca una capa de salvador y dice que sus invitadas son mujeres empoderadas y que él lo único que hace es facilitar el espacio. Y en efecto, sus invitadas son mujeres empoderadas — con finales "felices"—que han tomado terapia, que tienen millones de seguidores llorando con ellas en relaciones parasociales, que las utilizan como estandarte para salir de sus propios sufrimientos.
Pero aquí está la trampa del camino dorado: no lo construyó él. Cada ladrillo es una historia ajena, cada brillo es de otra persona —Fredo ha vivido en los márgenes de otras historias, explotando la diamantina de las alucines — pero sin brillo propio. Y en el Mago de Oz, el camino dorado no lleva a ningún lado si el que camina no sabe quién es.
El personaje sin arco
Cuando hablamos de historias tenemos que hablar de personajes. Y la realidad es que en el Mago de Oz todos los personajes tienen una carencia clara, algo que buscan, un arco que recorrer. El Espantapájaros quiere un cerebro. El León quiere valentía. La Hoja de Lata quiere un corazón. Fredo nunca ha definido el suyo.
Su podcast es insostenible sin el personaje realmente protagónico, realmente famoso. Es un personaje que depende de sus princesas para poder existir — y eso no es ser el héroe de la historia, es ser el organizador. Puedes ser organizador toda la vida, no hay nada malo en eso.— Pero la pregunta es si realmente cree tener lo que se necesita para ser el centro, porque las personas de las que se ha burlado o funado mediáticamente han tenido más brillo y más autenticidad que él. El chico que catalogaba a la gente como nacos, por clases, por niveles, por colores y tamaños, sigue siendo el mismo solo que ahora lo disfraza de "me dueles México."
La Ciudad Esmeralda
Por semanas, un tal Fredo construyó el hype de su boda. Parecía que este era el momento de su propia historia — el momento en que Dorothy llega finalmente a la Ciudad Esmeralda.— Nos habló de lo que iban a usar, de quién iba a ir. Pero mientras se dedicaba a enumerar reglas absurdas, nunca habló de su historia de amor ni de lo que para él y su pareja simbolizaba la boda. Y la pregunta es: ¿y?
Las bodas cuentan historias — ese es su poder simbólico.— La boda de Meghan Markle y el príncipe Harry fue un momento cúspide porque tenías a una mujer divorciada afrodescendiente casándose con un príncipe. La boda de Lupita Villalobos tenía a una mujer engañada creyendo nuevamente en el amor, casándose con un hombre que ni siquiera creía en el matrimonio. El mensaje era fuerte y claro: existe el final del arcoíris si te atreves a amar.
La boda de Fredo no tenía eso. La audiencia no conocía la historia de los novios. La pareja quedó en plano secundario. El mismo Fredo parecía en plano secundario. Las alucines protagonizaron la boda, el maquillista tuvo un momento más protagónico. Había patrocinios e influencers, danza prehispánica y show de zancos — había un cascarón, un espectáculo. Pero no había valor simbólico.— No había padres orgullosos ni madres llorando, no se filtró el discurso del mejor amigo diciéndole "lo lograste."
La gente llegó a la Ciudad Esmeralda y descubrió lo mismo que Dorothy: detrás de la cortina no hay ningún mago, solo un hombre operando palancas.
El camino tiene fecha de caducidad
Las historias más exitosas son las de héroes y villanos redimidos. Fredo no tiene ninguna de las dos —sigue siendo el mismo personaje sin arco definido, colgado del brillo, el dolor y las historias de otras personas.
El camino dorado del oportunismo puede llevarte lejos, pero tiene fecha de caducidad. Y la pregunta que queda, después de la boda, después del circo, después de todo, es ¿si Fredo está dispuesto a ocupar el lugar central de su propia historia? o ¿si prefiere seguir siendo el organizador de las historias de los demás?
No sé. Solo es una pregunta.
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