Un analisís breve de una situación viral
Mac
3/31/20267 min read
Análisis · Creadores de Contenido
¿Es la boda de un tal Fredo la conclusión de una carrera basada en el oportunismo?
MacMaravillosa
Como creadora de contenido, uno de mis pasatiempos es analizar el camino de otros creadores: ver desde dónde crean, desde dónde crecen. Esto me sirve de escuela, pero también —no lo voy a negar— para saber qué no hacer.
En los días pasados, la funa más reciente ha sido la de un tal Fredo. Y también tengo que decir abiertamente: no me sorprende en lo absoluto. ¿Por qué? Porque desde hace mucho, al analizar su fórmula como creador de contenido —o influencer, como él se autodenomina—, noté que su forma de crecimiento era la del oportunismo.
Déjame explicarme, porque Fredo no es el creador de esta fórmula —y lo digo así: todos la usamos de vez en cuando. Solo que él la potenció y la convirtió en su marca.
La fórmula del oportunismo
Cuando hablo de oportunismo, me refiero a lo que muchos denominan trending topics, pero no estamos hablando solo de tendencias comunes y corrientes como la serie más popular del momento o el tutorial de maquillaje de moda. La fórmula del oportunismo mezcla dos cosas clave:
Un personaje funable + una moralidad sesgada = trending topic desde el linchamiento mediático.
Me atrevo a decir que yo he usado esta fórmula, y muchos creadores la usan todos los días. Hay otros que la explotan. Dentro de este panorama hay diferentes tipos de creadores.
Los primeros no solo critican la situación, sino que la exacerban. Están dispuestos a meter información falsa de ser necesario, o a proporcionar información a medias. Son ellos los que cuando entran a la marea crean olas gigantes y aplastantes. También son los más virales, son excelentes para crear performance y muchas veces son los más entretenidos.
En la segunda categoría tenemos a los creadores que ven pasar la marea y la estudian antes de hablar. Crean desde la información que hay y no agregan más. Muchas veces los creadores en esta sección empezaron en la primera, pero la experiencia los ha llevado a ser más prudentes y analíticos —esa es exactamente mi situación—. Miden sus palabras y a veces esperan el momento justo para brincar: ni antes ni después, pues más vale esperar por una historia bien desarrollada que ahogarte en la marea.
Pero después, en la tercera sección, tenemos a los creadores de la marea. Y aquí es donde entra Fredo. Crean trendings, imponen hashtags, miran la marea moverse y miden las métricas. Digamos que, por obvias razones, ven a los demás creadores como hormigas nadando en el agua.
Hablemos de tal: la fábrica de mareas
Crear mareas no es fácil, pero al fin de cuentas sí tiene una fórmula definida. Para hablar de esto tenemos que hablar del producto más brillante y mejor estructurado de un tal Fredo: su podcast.
Hablemos de tal tiene una fórmula simple y conocida. Usa la misma fórmula de Mujer casos de la vida real: tenemos a un conductor que recibe historias —solo historias trágicas— y se las entrega a una audiencia de forma masiva. El propósito no es informar ni concientizar; el propósito es impactar, crear conversación y apelar a la emoción.
Y Hablemos de tal lo consigue perfectamente. Historias tan traumáticas que conmueven al receptor de tal forma que cuestionar el por qué o el cómo del narrador parece un acto carente de empatía. En este modelo, cualquier persona que cuestione estas historias tendría que ser completamente insensible. Y así el podcast se protege.
La otra forma de protección es el narrador. Y no: Fredo no es el narrador —lo cual, si lo comparamos con Silvia Pinal, lo podríamos tachar de flojo o de oportunista al cien—. La narradora es la invitada. Y la invitada no es cualquier invitada: es una figura pública. Actrices, influencers, YouTubers. Hay una variedad interesante, pero todas comparten en común una historia trágica. Y es importante recalcar esto, porque al ser figuras públicas su fandom las defiende. Entonces, si alguien cuestiona esto —créeme, yo lo he hecho—, se te van al cuello.
Hablemos de tal se convierte en el monstruo creador de mareas, estudiado y controlado por Fredo. Y Fredo lo explota: alimenta sus redes con clips de mujeres llorando en su momento más vulnerable, contando la historia más traumática a nivel internacional.
A Fredo se le ha cuestionado por este podcast; se le ha acusado abiertamente de explotar historias, de hacerlo desde el amarillismo, y de que no todas sus invitadas cuentan la historia como fue, sino como la entendieron. Ahí Fredo se pone una capa de defensor de mujeres, de aliado de la verdad, de justo juez. Él ha decidido quién merece contar su historia, y ha sentenciado a más de uno al linchamiento mediático. Lo interesante es que Fredo sabe el poder que tiene y lo usó a su contentillo y sin miramientos.
Pero este no es el único producto. También creó un bootcamp para promocionar su marca como maestro de marketing, usando el trabajo de miles de creadores emergentes. Sus lecciones literalmente no son secretos de marketing: se pueden encontrar mejor explicadas y gratis en YouTube.
Estos dos ejemplos son claros en el hecho de que Fredo se coloca como una figura de autoridad en cualquier tema. Y esto es importante de recalcar para entender el siguiente punto:
Fredo busca no solo ser reconocido como creador de mareas, sino como protagonista con brillo propio. Como figura central de la historia. Pero no lo es.
En los ejemplos pasados podemos ver un patrón, pero de organizador, no de figura central. ¿Qué sería Hablemos de tal sin sus mujeres? ¿Qué sería de Fredo sin sus princesas con historias de empoderamiento? ¿Qué sería sin los creadores emergentes, mil veces más carismáticos, más brillantes y más ingeniosos que él?
La respuesta es clara: nada.
La boda: un gran espectáculo sin historia central
¿Por qué la boda fue un fracaso tan aplastante?
Para responder esto tenemos que hablar de storytelling. Hasta ahora hemos hablado de tipos de creadores, de estructuras. Ahora llega el turno del storytelling, porque es lo que hace que un creador de contenido se asiente firme: la habilidad de contar historias. Y no cualquier historia — una buena historia.
Me atrevo a decir que esta habilidad Fredo no la tiene tan desarrollada.
De la boda no hablaremos del valor estético —eso no tiene un valor real aquí—, pero sí vamos a hablar de su valor simbólico. Y para eso tenemos que entender qué es lo que crea una buena historia.
El camino del héroe es lo que hace a todas las historias interesantes: una persona que pasa por una dificultad y la vence para llegar al momento feliz, muy merecido por cierto. Todas las bodas son momentos cúspide en las historias. Después de tanto, te encontré a ti, el único ser amado.
Pero la boda de Fredo no tiene esto.
Fredo utilizó la estructura incorrecta. Promocionó su boda casi de la misma manera que Poncho de Nigris promocionó Ring Royale: hablando de lo que iba a haber. Como buen creador de mareas, creó una convocatoria para ver quién cantaría en su boda usando a sus creadores emergentes. Y la boda empezó con un oleaje turbio y cuestionado: ¿por qué tantas reglas? ¿Por qué hablar tanto de la ropa?
Y es que esto se trata de storytelling. ¿Dónde estaba la historia de Adrián y Fredo? ¿Qué dificultades vencieron? ¿Por qué el amor logró triunfar?
No había historia. Al menos no una clara o viral. Porque mientras Fredo se ha dedicado por años a escuchar historias, no ha formulado su propia historia de forma clara.
La boda tuvo todo: danza prehispánica, zancos, rompe hielos, DJ y a Carlos Rivera. Pero no tuvo un momento clave emocional como símbolo de la cúspide del amor. Esos momentos, por lo general, son cuando los padres hablan o las madres lloran, o los amigos dicen lo difícil que fue para mengano encontrar a fulana, y todos lloran.
Un gran espectáculo sin historia central.
Y si hablamos de historias, tenemos que hablar de personajes: protagonistas y secundarios. En esta boda, nuestras protagonistas fueron las alucines. Fredo fue un personaje secundario en su propia boda y Adrián fue un extra. Fredo se tomó fotos con Lupita, salió tomado de la mano de Quesito, salió en mil fotos con más influencers. Y Adrián se veía incómodo, como no queriendo estar a cuadro.
El proyecto boda fracasó porque recayó en el protagonismo de Fredo, y recordemos: Fredo es creador de mareas, no protagonista. Sus invitadas, sus creadores emergentes tienen el brillo que él carece. Pero qué importa ponerse un poco de la diamantina de las alucines, total nadie lo va a notar.
Pero la gente lo nota — yo lo noto, y tú también.
Como creadora, mientras analizo esto a través de mi ventana, puedo entender lo que pasa cuando nos salimos de las tan conocidas estructuras de creación. Y la pregunta es ¿Tenemos derecho a salirnos de nuestro formato?
Yo soy analista. No tengo necesidad de hablar de mí — será por ansiosa, que mi privacidad es lo más importante del mundo, pero también porque sé que la gente me lee, me escucha y me ve no por mí, sino por lo que analizo. Soy feliz y estoy agradecida por mi formato y por el momento no me interesa cambiarlo.
Pero Fredo ha buscado toda la vida dejar de sostener la marea para colocarse delicadamente en el centro, en el mismo lugar que sus princesas: ser adorado, admirado, amado estúpidamente, sin que se le cuestione. Pero ahora está en el centro de una marea que él creó y que se lo tragó por completo. Y lo escupió en la orilla para mirar horrorizado que la ola no tiene dueño y parece más un perro salvaje.
"El agua es frágil, las emociones lo son, y Fredo las manipuló a su antojo por años con soberbia, clasismo y un cinismo muy particular. Pero nuestro domador de olas olvidó la regla más importante: el agua fluctúa, nunca desaparece, se transforma y no tiene dueño."
Pero esta es tu marea, Fredo. La que tú creaste. La que llevas creando por años. La que se acumuló de todas las mareas gigantes que creaste para otros. Tal vez no la viste acumularse, pero ahí estaban esos charcos de agua inerte acumulándose, rebasando tu control.
Debo aceptar que me engañé a mí misma cuando nombré a Fredo como un creador de mareas. Las mareas solo se montan o se miran desde lejos, y todos somos víctimas oportunistas de esta marea llamada viralidad.
¿Y tú, qué tipo de creador eres?
¿Cuántos charcos se te están acumulando?
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